Altisimo Señor,

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Altísimo Señor, que supiste juntar a un tiempo en el altar, ser cordero y pastor Quisiera con fervor, amar y recibir a quien por mí quiso morir. 1. Cordero divinal por nuestro sumo bien, inmolado en Salén, en tu puro raudal de gracias celestial, lava mi corazón, que el fiel te rinde adoración. 2. Suavísimo maná, que sabe a dulce miel, ven y del mundo vil nada me gustará. Ven y se trocará del destierro cruel con tu dulzura la amarga hiel. 3. Oh convite real do sirve el Redentor al siervo del Señor comida sin igual; Pan de vida inmortal, ven a entrañarte en mí y quedo yo trocado en Ti. 4. Si osare a ti venir das muerte al pecador y de celeste ardor das al justo vivir. Ay, que triste morir de vida en el manjar, de tal veneno y muerte hallar. 5. Los ángeles al ver tal gloria y majestad, con profunda humildad adoran su poder, sin ellos merecer la dicha de gustar el pan del cielo, hecho manjar.

¡Hoy Celebramos la Anunciación! El “Sí” de una Mujer que Cambió la Historia

Cada año la Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación. Un día como hoy la historia de la humanidad cambió cuando María dio su “Sí” valiente a Dios, concibiendo desde aquel momento a Jesús y convirtiéndose en protectora del Niño que un día nacería y salvaría con amor al mundo.

“‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible’. María contestó: ‘Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y la dejó el ángel” (Lc. 1, 35 - 38).

La Solemnidad de la Anunciación se celebra nueve meses antes de la Navidad. Si se analiza la historia, María “no la tuvo fácil”. Ella estaba comprometida con José y ciertamente esta decisión de concebir al Hijo de Dios trajo inestabilidad.

Por lo tanto el Señor interviene y el ángel en sueños le habla a José, quien acepta el plan de Dios, obteniendo así el privilegio de ser padre de Jesús en la tierra y de formar la Sagrada Familia con María.

En el Evangelio de hoy (Lc. 1, 26-38) se aprecia el diálogo del mensajero de Dios con la Virgen. No fue una imposición sino una propuesta a la que María pudo haber dicho no. Pero la “bendita entre las mujeres” aceptó y se produjo el milagro de Encarnación del Hijo de Dios.

Desde aquel momento María tuvo en su vientre a Jesús, no a los tres meses o cuando el embrión tenía forma humana, sino desde el momento de la concepción. He aquí una razón más por la que la Iglesia defiende al bebé desde el primer instante de su vida.

Con informacion  de ASIPRENSA, 


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